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¿Por qué en El Quijote se usan los números romanos IIII y XIIII en vez de IV y XIV?

Los signos de la numeración romana, como otras manifestaciones escritas, han sufrido cambios a través del tiempo. Desde la Antigüedad, las representaciones gráficas IIII y XIIII se alternaban con las que comunmente conocemos y usamos IV y XIV. En la numeración romana coexistieron el sistema aditivo —análogo al sistema de numeración etrusco, en el que el número cuatro se escribía IIII (1 + 1 + 1 + 1) — y el sistema sustractivo, en el cual una letra de menor valor antepuesta a otra mayor indica resta, como en IV para 4 o IX para 9 ( Helmut Rix, “Etruscan”, en Roger D. Woodard, ed. The Cambridge Encyclopedia of the World's Ancient Languages. Cambridge: Cambridge University Press. 2004, pp. 943-967. Disponible en https://shorturl.at/O50T2). Durante gran parte de la historia del latín escrito, incluyendo la Edad Media y los inicios de la imprenta, fue frecuente alternar dicho sistema con el aditivo. Por ello, el 9 podía escribirse como VIIII o IX, o el 4 aparecía indistintamente como IIII o IV, dependiendo del contexto.

De acuerdo con lo que hemos investigado, una razón que pudo intervenir para evitar el uso de IV y conservar la variante IIII fue su coincidencia con las letras iniciales de la palabra IVPPITER (Júpiter), nombre del dios supremo en la mitología romana. Se consideraba inapropiado, e incluso blasfemo, utilizar esas letras para referirse a un número. De esta manera, la escritura de números romanos como IIII o XIIII, en lugar de las formas IV y XIV, responde a convenciones gráficas e históricas que han estado vigentes durante siglos (Georges Ifrah, John Wiley & Sons, eds. The Universal History of Numbers: From Prehistory to the Invention of the Computer, Nueva York, Wiley, 2000, Disponible en https://tinyurl.com/yc237zyy). 

En el caso de la obra Don Quijote de la Mancha, la preferencia por numerar los capítulos con las formas IIII y XIIII se corresponde con una práctica editorial habitual del periodo, pues no existía una norma estricta que limitara la repetición de los signos romanos, aunque posteriormente se convencionalizó que no deben escribirse más de tres veces consecutivas. De esta manera, en muchas obras medievales y del Renacimiento, se puede encontrar el uso de la numeración romana aditiva, tal como ejemplificamos en los siguientes fragmentos de textos de diversos géneros y épocas:

Item que apres IIII dias continuos et subsiguientes que el çalmedi sera publicado en cada un anyo por çalmedin los jurados et conselleros de la dita ciudat o la mayor partida numero dellos de aquell anyo puedan et sian tenidos nombrar un hombre bueno de la parroquia [Anónimo, Ordinación dada a la ciudad de Zaragoza por el rey don Juan I, 1391, España, CORDE].

donde iaze Gracia Miguel, mi madre que fue mando que paral enterrorio de mi dicho cuerpo me sean fechas IIII torchas e IIII cirios e candela menuda quanta sea nescesaria. [Anónimo, Testamento (Documentos Lingüísticos Navarros), 1491, España, CORDE].

Mas tengo dado a Ruy Garcia e al mayordomo commo a curadores e a Martin Lopez commo a eredero por su mandado dellos segund por sus conoçimientos paresçe, XLV U CCL. ... XLV U CC L. Asy mismo, tengo pagado de los mrs. sobre escritos la meytad, de manera que de los XXVIII U DCCC LX VI me cabe la meytad que son XIIII U CCCC XXX III XIIII U CCCC XXX III. [Anónimo, Inventario de bienes (Documentación municipal de la cuadrilla de Salvatierra), 1522, España, CORDE].

DISCVRSO XIIII

El remate de la fabrica de la casa, templo, y adornos del, y de la sacristia, retablo y custodia. Passase el santissimo Sacramento a ella, con los sucessos de las personas Reales en este conuento [Sigüenza, Fray José, Tercera parte de la Historia de la orden de San Jerónimo, 1605, España, CORDE]

Como información adicional, en otras áreas, como la relojería, la forma IIII ha perdurado hasta hoy, no sólo por razones históricas, sino también por criterios estéticos y de equilibrio visual, pues en las esferas de los relojes, se considera que IIII permite una mejor simetría con respecto a las demás cifras: las primeras cuatro horas usan exclusivamente el símbolo I, las siguientes cuatro usan V y las últimas X, lo que favorece una distribución más armónica. También se ha aducido que IIII se lee con mayor facilidad desde ciertos ángulos, al evitar confusiones con otras cifras como VI, especialmente en las posiciones inferiores de la esfera (López, Alfredo, “¿Por qué en algunos relojes el 4 aparece escrito IIII y no IV?”, 20 minutos, España, 2012. Disponible en https://tinyurl.com/w2uesef6).

Finalmente, aunque hoy se encuentra convencionalizado no repetir los signos más de tres veces, siguiendo el sistema sustractivo, en textos antiguos, sin embargo, las formas aditivas como IIII y XIIII deben considerarse como formas que reflejan un momento de la historia del sistema numérico romano.

Esta respuesta fue elaborada por la Comisión de Consultas de la Academia Mexicana de la Lengua.

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